Por

Luis Saavedra Contreras (*)

Mientras el presidente electo del vecino del sur, José Antonio Kast, critica el cable Chile-China Express, su futuro ministro de Defensa mantiene vínculos con la empresa constructora de dicha vía. Según un prestigioso medio chileno, el abogado Fernando Barros, designado por Kast como futuro titular de la estratégica cartera, aparece como directivo de la empresa que conectaría a Hong Kong con Valparaíso. Al considerar que los cables submarinos transportan más del 95 % del tráfico internacional de datos, incluidos flujos comerciales, financieros y comunicaciones gubernamentales, el control de dicha información, colocaría en riesgo la seguridad hemisférica y la del Perú.

La controversia en torno al proyecto de cable submarino Chile‑China Express (CCE) no es un simple debate técnico: expone tensiones profundas sobre seguridad nacional, integridad de la información y coherencia estratégica en el hemisferio occidental. El futuro ministro de Defensa de Chile, Fernando Barros, designado por el presidente electo Antonio Kast, aparece como directivo en CMI Chile SpA, filial de China Mobile International, implicada en el proyecto que conectaría directamente Hong Kong con Valparaíso. Según BioBio Chile, la empresa se registró con la dirección del bufete legal fundado por Barros, la misma dirección que se consignó en el decreto que autorizó inicialmente la concesión para construir el cable. Esta coincidencia no es menor; desde la óptica de inteligencia estratégica y gestión de riesgos de seguridad nacional, constituye una señal de alarma.

Infraestructura crítica y riesgo hemisférico

Los cables submarinos transportan más del 95 % del tráfico internacional de datos, incluidos flujos comerciales, financieros y comunicaciones gubernamentales. Su propiedad y control determinan quién puede acceder o influir sobre información crítica. En el contexto de la rivalidad entre Estados Unidos y China, el CCE representa un nodo estratégico de influencia que podría comprometer la seguridad hemisférica si no se imponen salvaguardas de soberanía y estándares de seguridad robustos.

Washington ha reaccionado con fuerza: el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, emitió un comunicado oficial imponiendo la revocación de visas a tres funcionarios chilenos incluido el ministro de Transportes, el subsecretario de Telecomunicaciones y el jefe del gabinete de Subtel por acciones que, según el Departamento de Estado, “comprometeron infraestructura crítica de telecomunicaciones y erosionaron la seguridad regional en nuestro hemisferio”.  Esta medida sin precedentes confirma que Washington no ve el CCE como una simple obra de conectividad, sino como una amenaza a la seguridad regional.

Doble discurso y coherencia estratégica: la paradoja de Kast

La paradoja es evidente: mientras el presidente electo Antonio Kast critica públicamente el proyecto Chile‑China Express por supuestos riesgos de seguridad, su futuro ministro de Defensa, Fernando Barros, mantiene vínculos directos con la empresa que impulsa el cable. Más aún, la dirección de la compañía china corresponde al estudio legal fundado por Barros, revelando un conflicto de interés que trasciende lo simbólico.

Esta inconsistencia estratégica erosiona la confianza internacional y pone en cuestión la capacidad de Chile para manejar infraestructuras críticas con criterio soberano y coherente.

El discurso de Kast para la tribuna alertando sobre riesgos de seguridad contrasta radicalmente con la acción de permitir que la empresa china avance bajo influencia directa de su propio ministro. En términos de realpolitik, Kast parece estar jugando damas chinas o al Go (un juego chino donde solo se pierden apuestas simbólicas, mientras que Estados Unidos juega al póker, donde se puede perder la vida), y a la guerra de las galaxias, donde quien domina el espacio lo ve todo. En este escenario, Chile no ve; su estrategia carece de perspectiva sobre los riesgos hemisféricos, situándolo en un juego de consecuencias mucho mayores frente a un actor global que opera con recursos, alcance y visión estratégica superiores.

Kast está jugando un juego limitado, casi simbólico “Go / damas chinas”, mientras que EE. UU. opera en escenarios de alto riesgo “póker” y “guerra de las galaxias”, donde las consecuencias son reales y globales. Si esta conducta se mantiene, la administración de Kast podría enfrentar sanciones y medidas de Estados Unidos incluso antes de iniciar su gestión, replicando la revocación de visas que afectó a funcionarios de la administración Boric.

Implicancias para Perú y la seguridad regional

Para Perú, la preocupación también es explícita. China controla sectores estratégicos: puertos, energía y logística. El megapuerto de Chancay, operado por COSCO Shipping Ports propiedad de la República Popular de China, ha sido objeto de fuertes críticas por su impacto en la soberanía peruana. El embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, advirtió que “el dinero barato chino cuesta soberanía”, subrayando la dimensión estratégica de estas inversiones. Tras un fallo judicial que limitó la capacidad del regulador Ositrán para supervisar el puerto, el periodista Diego Acuña denunció que Perú enfrenta dificultades para ejercer plenamente su soberanía en esa infraestructura clave.

Si el CCE se integra con esta red logística, el riesgo de exposición de datos sensibles y pérdida de control sobre nodos críticos desde energía hasta comercio exterior se intensifica, generando alarma entre aliados tradicionales. Desde una perspectiva de inteligencia estratégica y geopolítica, la transferencia de datos operativos incluyendo información sobre tráfico marítimo, rutas económicas navales, logística portuaria y capacidades militares podría quedar potencialmente accesible a actores externos, comprometiendo la capacidad del Estado para decidir qué información se comparte y qué datos estratégicos se protegen.

La gestión de este tipo de información es fundamental para garantizar la integridad de la cadena logística nacional, la seguridad portuaria y la defensa del comercio exterior. Datos sobre rutas, frecuencias de llegada y salida de buques, patrones de transporte de mercancías y ubicación de recursos críticos constituyen insumos estratégicos para la planificación operacional, la evaluación de riesgos y la anticipación de amenazas, según lo establecen principios doctrinales de contrainteligencia preventiva y protección de activos críticos.

La exposición en tiempo real de esta información permitiría a terceros externos realizar análisis de vulnerabilidades, monitorear operaciones estratégicas y anticipar movimientos comerciales y militares, con impactos directos sobre la seguridad regional y global, afectando tanto a Perú como a aliados estratégicos, incluidos Estados Unidos. Este escenario no solo debilita la capacidad del país para proteger intereses nacionales, sino que también erosiona su credibilidad como socio confiable, afectando la cooperación internacional en ámbitos críticos de seguridad y logística.

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(*) Ingeniero Ambiental, Master en Ingeniería Ambiental de la Empresa, Universidad Ramon Llul, Barcelona, España. Maestro en inteligencia Estratégica del CAEN, Graduado en el 1er puesto de la VI Maestría en inteligencia Estratégica. Lima, Perú.

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