A despecho del ruido político que caracteriza al país en los últimos años, el proceso de adquisición de los nuevos cazas de combate para la Fuerza Aérea del Perú (FAP) debe ingresar a su etapa definitiva. Aunque el Rafale francés y el Gripen sueco compiten en el terreno técnico y presupuestario, la balanza se inclina hacia el F-16 Block 70 de Lockheed Martin. Más allá de las capacidades del avión, la decisión responde a una maniobra estratégica de Washington para consolidar al Perú como su aliado principal en la región, frenar la influencia de China y asegurar enclaves críticos como la Base Naval del Callao y el futuro puerto espacial.
Los cielos del país deben de definir a su nuevo guardián, pero la decisión no se tomará solo en los hangares de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), sino en el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial. Tras meses de incertidumbre administrativa y el ruido político que rodea al gobierno transitorio de José Jerí, todos los indicios objetivos apuntan a un ganador: el F-16 Block 70 de Lockheed Martin.
Como señaló “Política y Estrategia” en septiembre de 2025, el Perú se ha convertido en un “campo de batalla” de influencia entre Estados Unidos y China. La masiva inversión del gigante asiático en el megapuerto de Chancay y otros sectores estratégicos ha encendido las alarmas en la Casa Blanca.
Bajo la renovada Doctrina Monroe de la administración de Donald Trump, explicitada en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025, EE. UU. busca negar a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas o control estratégico en la región. En este contexto, la compra de los cazas es la respuesta del Perú a la pregunta que el analista Francesco Tucci formuló hace dos años para “Política y Estrategia“: “¿Qué hará el Perú cuando la potencia norteamericana le diga: ‘¿estás conmigo o estás contra mí?’?”. La elección del F-16 parece ser la respuesta definitiva: el Perú elige a Washington.
Rafale y Gripen
La FAP ha evaluado tres opciones principales, cada una con sus virtudes y carencias:
Rafale (Francia): Es el favorito de los pilotos por ser bimotor, tener mayor alcance y capacidades furtivas. Sin embargo, su costo es su principal barrera. Adquirir las 24 unidades necesarias sobrepasa con creces el presupuesto proyectado de 3,500 millones de dólares, sin contar los elevadísimos costos de mantenimiento que podrían asfixiar las arcas públicas.
Gripen (Suecia): Aunque se ajusta al presupuesto, el “fantasma del retraso” lo persigue. La experiencia de Brasil, que ha recibido apenas un caza por año, genera serias dudas sobre si Saab podría cumplir con los plazos de entrega que el Perú requiere para renovar su flota operativa de inmediato.
El F-16: más que un avión: Si bien la oferta inicial de Lockheed Martin contempla 12 unidades por 3,420 millones de dólares (y una lógica que indica otras doce unidades, dentro del mismo monto, al interpretar la alerta publicada por la Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa de EE.UU., el 15 de setiembre último), el verdadero valor de la propuesta norteamericana reside en el “paquete de beneficios” diplomáticos y de defensa que lo acompaña:
Aliado Principal no miembro de la OTAN: Una designación histórica impulsada por Trump en diciembre de 2025, que otorgaría al Perú acceso preferencial a excedentes de defensa, financiamiento militar extranjero y capacitación de élite.
Modernización Naval: El Departamento de Estado impulsa una venta militar de 1,500 millones de dólares para el diseño y construcción de la nueva Base Naval del Callao, un proyecto que busca reubicar y potenciar la capacidad marítima del país.
Puerto Espacial: La ambiciosa inversión estadounidense para construir un puerto espacial en el norte del país, posicionando al Perú en la vanguardia tecnológica del continente.
Decisión de Estado
A pesar de que el Decreto Supremo N° 339-2025-EF ya aprobó la operación de endeudamiento mediante bonos soberanos para financiar la defensa nacional, el proceso no ha estado exento de cuestionamientos por presunto tráfico de influencias en el Ejecutivo actual.
No obstante, la lógica del realismo político se impone. La compra de los F-16 Block 70 no es solo una actualización de hardware militar; es el sellado de una alianza estratégica que garantiza la protección de la soberanía nacional frente a organizaciones criminales y, sobre todo, asegura la estabilidad del Perú bajo el paraguas de la potencia global. En 2026, el Perú no solo compra aviones; compra su lugar en el nuevo orden hemisférico.