A inicios de la presente década, empezó a destacarse una corriente hispanista que califica como un error la independencia de América Latina de España, a la luz de los diversos problemas que el subdesarrollo acarrea a las sociedades latinoamericanas. Tales ideas concluyen en que, la unión con la península, habría traído mayores beneficios económicos y políticos a nuestra región. El analista e historiador argentino Marcelo Javier Perretta, director de SEET Latinoamérica y experto en relaciones internacionales analiza el tema en diálogo con Política y Estrategia.
¿Cuál es su impresión sobre la corriente hispanista que cuestiona la independencia?
Es una corriente que ha ganado notoriedad en los últimos años, sobre todo en redes sociales y círculos intelectuales alternativos. Cuestionan el valor de la independencia de América Latina al señalar que, dos siglos después, seguimos siendo países subdesarrollados. Personalmente, me parece un enfoque parcial. No comparto ese revisionismo que busca invalidar procesos históricos complejos bajo el lente del presente. La independencia no fue un error; fue una necesidad. Era el resultado inevitable de tensiones sociales, económicas y culturales acumuladas durante siglos. Pensar que hubiera sido mejor quedarnos bajo dominio español es desconocer las dinámicas internas y externas que impulsaron la emancipación.
Recuérdenos esas tensiones que menciona como causas del proceso emancipador.
Podemos hablar de muchas causas, pero me gustaría destacar dos fundamentales: la exclusión de los criollos y el malestar económico. Los criollos, que eran hijos de españoles nacidos en América, eran marginados de los cargos importantes por el simple hecho de no haber nacido en la península. Incluso en familias con hermanos, aquel nacido en España gozaba de privilegios superiores. Esta discriminación generó una élite frustrada, pero también educada, con formación académica en universidades americanas y europeas. Por otro lado, las reformas borbónicas impusieron un modelo económico centralizado y opresivo, con una fuerte carga impositiva que estrangulaba las economías locales. Todo eso alimentó el deseo de cambio.
¿No cree que la independencia generó una nueva élite que mantuvo desigualdades similares?
Es cierto que muchas desigualdades persistieron, y eso hay que reconocerlo sin medias tintas. La transición del orden colonial al republicano no erradicó de inmediato la exclusión política ni la concentración de la riqueza. En algunos casos, incluso se acentuaron. Pero eso no significa que el proceso fuera innecesario. La independencia fue apenas el primer paso en la construcción de nuevas sociedades. Que esas sociedades hayan fallado en democratizarse plenamente es responsabilidad de las élites republicanas posteriores, no de la emancipación misma. No se trata de idealizar el pasado ni de demonizarlo, sino de comprenderlo.
Se ha hablado mucho de una supuesta conspiración británica para debilitar a España y controlar América Latina…
Ese es un tema fascinante y muy debatido. Es evidente que Inglaterra tenía intereses económicos en la región. Quería romper el monopolio español y acceder a nuevos mercados. Apoyó discretamente algunas rebeliones y ofreció refugio a líderes como Miranda, Bolívar o el mismo San Martín. Pero afirmar que todo fue una conspiración orquestada por los ingleses es exagerado. Los líderes americanos tenían sus propias convicciones y sus propios proyectos. San Martín, por ejemplo, se inició en la masonería en España, no en Londres, y se alegró profundamente cuando Argentina resistió un bloqueo inglés décadas después. Eso no lo haría un agente británico. Hay que distinguir entre influencia y subordinación.
¿Era realista pensar en una gran república hispanoamericana unificada?
En el plano ideal, sí. Y Bolívar fue su mayor defensor. Pero en la práctica era muy difícil. La diversidad cultural, geográfica y social de nuestros pueblos era inmensa. San Martín, al llegar al Perú, lo entendió bien. Por eso proclamó: ‘Desde ahora, todos son peruanos’. Era una forma de crear identidad nacional en un país fragmentado. En lugar de forzar una unidad continental, propuso repúblicas hermanas. Hoy seguimos enfrentando ese desafío: cómo unirnos respetando nuestras diferencias. Y eso requiere madurez política y visión de largo plazo.
¿Qué factores han impedido que América Latina se desarrolle plenamente desde la independencia?
No es la independencia el problema. Es lo que hicimos con ella. Las causas son múltiples: corrupción endémica, ciclos de dictaduras, instituciones débiles, dependencia económica de potencias extranjeras. No hemos logrado construir estados sólidos que garanticen derechos y promuevan desarrollo. Además, la lucha por el poder ha prevalecido sobre la búsqueda del bien común. Hoy, más que ideologías de izquierda o derecha, lo que vemos es una lucha por el poder sin principios. Eso ha frenado nuestro potencial como región.
¿Ve posible una verdadera integración latinoamericana en el futuro?
Hoy es difícil. Los foros actuales como CELAC, UNASUR o el Parlamento Latinoamericano no son vinculantes y terminan siendo espacios retóricos. Hay una falta de voluntad real, y también muchas divisiones ideológicas. Pero eso no quiere decir que sea imposible. Si cada país logra primero estabilizarse internamente, con instituciones confiables y representantes legítimos, entonces la integración será un paso natural. Necesitamos menos discursos y más acciones coordinadas en temas como educación, salud, ciencia y defensa común.
¿Qué mensaje dejaría a quienes califican la independencia como un error histórico?
Que revisen la historia con rigor y profundidad. No se trata de romantizar la independencia, pero tampoco de despreciarla. Fue un acto de dignidad, una afirmación de humanidad. No falló la emancipación: fallamos nosotros al no consolidar sus promesas. Pero aún estamos a tiempo. Con voluntad política, conciencia histórica y sentido de comunidad, América Latina puede y debe construir el futuro que sus pueblos merecen.
Muy buen aticulo del Sr. Perretta. Muy claro. gracias