El anuncio de Donald Trump acerca de que Estados Unidos va a “dirigir” Venezuela hasta que se pueda asegurar una transición hacia la democracia, tras la operación militar lanzada para capturar a Nicolás Maduro, plantea más dudas que certezas. No obstante, parece apuntar a establecer un gobierno provisional regido por un representante estadounidense de alto nivel, a similitud de lo que ocurrió con la ocupación de Irak en el 2003, que dio paso a una era de anarquía y violencia.
Se dice que el secretario de Estado, Marco Rubio, sería el encargado de asumir el papel de supervisar el desempeño del gobierno venezolano, que, según el propio Trump, podría seguir encabezado, al menos de manera nominal, por Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, esto es, por las mismas personas a las que Estados Unidos acusa de formar parte del Cartel de Los Soles, junto a Maduro. En ese sentido, el inquilino de la Casa Blanca ha desestimado la participación de la oposición en este proceso.
Pero, ¿qué pasó en Irak?
El derrocamiento de Sadam Husein, tras la invasión estadounidense de Irak, llevó a la imposición de un gobierno provisional liderado por Paul Bremer, un diplomático neoconservador con experiencia en el manejo de crisis y la lucha contra el terrorismo, quien estuvo al frente del país hasta el 2004, a fin de supervisar la transición hacia un gobierno democrático. Ello, en un país dividido no solo en términos religiosos (musulmanes chiitas y musulmanes sunitas) y étnicos (árabes y kurdos), sino también tribales.
Pero los atributos profesionales de Bremer, lejos de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los iraquíes, sumieron al país en una grave crisis económica, que no se condecía con el hecho de poseer las cuartas reservas de petróleo del mundo, una de las razones de peso, que no la única, que llevó a la intervención estadounidense tras los atentados terroristas del 11-S. Todo esto en medio de una corrupción rampante, cifrada en la pérdida de más de USD 15,000 millones del dinero del petróleo que debía ayudar a la reconstrucción de Irak.
¿Y a qué viene todo esto?
Pues veamos. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, aun cuando su industria petrolera funcione a media máquina en virtud de las severas sanciones contra el sector impuestas por Estados Unidos, situación que, en medio de la debacle económica del país, el gobierno chavista ha intentado paliar promoviendo las inversiones chinas y rusas en el sector petrolero, así como pagando con crudo la abultada deuda que mantiene con Pekín. Recordemos que Venezuela tiene estrechos vínculos políticos, económicos y militares con China y Rusia.
A todo esto, la captura de Maduro no ha significado el fin del gobierno chavista ni la destrucción de las Fuerzas Armadas venezolanas, si bien Trump dice que ordenaría una segunda ola de ataques en caso que Delcy Rodríguez se resista a cooperar con Estados Unidos, algo que, al menos de la boca para afuera, está haciendo. En este contexto, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, no descarta el despliegue de tropas en Venezuela, mientras que Rubio, quien se prepara a gobernar mediante un holograma, señala que es “prematuro” hablar de elecciones.
La niebla de la guerra política
De manera que, como se dijo al inicio del artículo, hay más dudas que certezas en este entramado. Las pocas certezas que existen tienen que ver con la voluntad de Estados Unidos de recuperar el control del petróleo venezolano y de limitar, cuando no desterrar, la influencia de China y Rusia en Venezuela y, por extensión, en Latinoamérica. Las mismas razones que llevaron a George W. Bush a intervenir en Irak hace 22 años, con el objetivo de reposicionar a Estados Unidos en Oriente Medio, región en la que abunda el petróleo.
De otro lado, las muchas dudas que existen se pueden resumir en las siguientes preguntas: ¿Estados Unidos está, realmente, dispuesto a restituir la democracia en Venezuela?, ¿va a exigir el término de la relación estratégica de Venezuela con China y Rusia?, ¿va a extraer el petróleo imponiendo condiciones lesivas a los intereses venezolanos?, ¿para estos fines le resulta más conveniente un chavismo arrastrado que una oposición soberana?, ¿no es contradictorio, por decir lo menos, negociar con representantes de una supuesta organización narcoterrorista?
❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.
Este artículo no ha sido escrito con inteligencia artificial