El enfrentamiento militar que, en días pasados, protagonizaron Irán e Israel, finalizado tras un alto el fuego promovido por Estados Unidos, tuvo en vilo al mundo, pendiente de las repercusiones políticas y económicas, regionales y globales, que podía desencadenar. Lo cierto es que, más allá de pretender establecer cuál de los dos resultó “vencedor” en la contienda, resulta pertinente hacer un balance de la situación en términos más amplios, esto es, en el contexto de la confrontación que mantiene Estados Unidos contra China y Rusia.
La llamada “guerra de los doce días” puso de manifiesto la supremacía aérea de Israel, tanto como la capacidad misilística de Irán. De modo que, si bien los cazabombarderos israelíes, tras neutralizar las baterías antiaéreas enemigas, campearon a sus anchas en buena parte del territorio iraní, los misiles balísticos de Irán traspasaron, en demasiadas ocasiones, el presuntuoso sistema integrado de defensa aérea de Israel. En suma, el Estado judío golpeó fuerte, pero también le respondieron fuerte, más fuerte de lo que esperaba.
Irán, resiliente pero debilitado
No obstante, a pesar de que Irán ha resistido, a pie firme, el embate de su tenaz enemigo, el caso es que, desde octubre del 2023, tras el mortífero atentado terrorista perpetrado por Hamás en territorio israelí, su influencia geopolítica en Oriente Medio se ha debilitado. Hamás es acosado por el Ejército israelí en Gaza –donde comités de la ONU denuncian prácticas de genocidio–, Hezbolá ha sido descabezado en Líbano y Bashar al Asad, derrocado en Siria. Los únicos alfiles que le quedan a Irán son los hutíes en Yemen y una que otra milicia chiita en Irak.
A ello se suma que su infraestructura nuclear ha sufrido un golpe demoledor, debido a los ataques realizados no solo por la aviación israelí, sino también, y sobre todo, por bombarderos y submarinos estadounidenses, que la machacaron con potentes bombas antibúnker y misiles de crucero, respectivamente. De este modo, la supuesta intención de Irán de construir armas nucleares para afianzar su proyección geopolítica ha sufrido un serio menoscabo, dejando a Israel, por mucho tiempo más, como la única potencia nuclear en la región.
El eje Moscú-Pekín-Teherán
En este escenario, ¿cómo afecta a las pretensiones globales de China y Rusia el hecho de caminar ahora al lado de un Irán golpeado, militar y económicamente? Hay que recordar que Irán es miembro tanto de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) como del foro BRICS+, entidades que Moscú y Pekín utilizan para reforzar su influencia geopolítica en Eurasia y en el Sur Global. Y que también es parte de la Nueva Ruta de la Seda (NRS), el faraónico proyecto de infraestructura con el que China pretende consolidar su papel de potencia comercial.
Asimismo, Irán tiene vigentes asociaciones estratégicas tanto con China como con Rusia, países con los que, además, realiza ejercicios navales conjuntos. Pero no solo eso, pues Irán también ha suministrado drones de ataque a Rusia, que utiliza en la guerra que libra contra Ucrania, y autorizado que se construyan en ese país. De modo que el Irán de los ayatolás resulta fundamental para la consecución de los objetivos geoestratégicos de China y Rusia, que pasan por contrarrestar la influencia global de Estados Unidos.
Se cierra un capítulo, se abre otro
He aquí que surgen una serie de preguntas relevantes, cuyas respuestas, empero, no resultan tan sencillas: ¿Por qué no acudieron China y Rusia en ayuda de Irán ante la furiosa embestida militar israelí y el robusto remate estadounidense? ¿Qué tan dañado ha quedado Irán en términos militares, más allá de la pérdida significativa de cazabombarderos y sistemas antiaéreos? ¿Reconstruirá Irán su infraestructura nuclear, esta vez sí para fabricar armas atómicas? ¿Es este alto el fuego solo el preludio de un choque posterior y, ahora sí, decisivo?
A ver, vayamos en orden consecutivo. Lo primero, aunque China y Rusia se limitaron a condenar el “ataque preventivo” de Israel, habría que ver cómo hubiesen reaccionado si se llegaba a tambalear el gobierno iraní. Lo segundo, aún no hay suficientes datos fiables sobre el tema. Lo tercero, es posible que lo haga en aras de ejercer una verdadera disuasión sobre sus poderosos enemigos. Lo cuarto, todo apunta a que así ha de ser, máxime si Irán, en los próximos años, da pasos firmes para dotarse con armas nucleares.
❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.