Créditos

Marco Velarde Rodríguez(*)

En 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las potencias vencedoras crearon la ONU como organismo internacional para cumplir distintos fines, entre ellos evitar una nueva conflagración a escala global. El Consejo de Seguridad es uno de sus órganos principales, que tiene la responsabilidad de mantener la paz y seguridad internacionales. La ONU, a través de su carta constitutiva, creó un sistema de seguridad colectiva y le otorgó a esta entidad facultades para intervenir en casos de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz y actos de agresión, incluida la aplicación del famoso Capítulo VII, que puede llegar al uso de la fuerza autorizado por la organización. Sin embargo, el Consejo de Seguridad es el único órgano no igualitario para los países miembros.

En su estructura, cuenta con quince miembros en total: cinco permanentes y diez no permanentes elegidos regionalmente. La clave está en que solo los miembros permanentes tienen tres derechos absolutos: voz para expresar su opinión en temas sometidos al Consejo; voto para expresar su abstención, aprobación u oposición a las resoluciones del Consejo que son obligatorias para los miembros de la ONU; y veto para oponerse a que una resolución sea aprobada. Por ello se dice que la ONU se paraliza cuando hay una propuesta de resolución que afecta los intereses nacionales de los miembros permanentes (China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia). En suma, la ONU es inocua contra ellos.

A pesar de esto, el Consejo de Seguridad es un órgano legitimado por la ONU, que cumplió un rol importante para la coordinación entre las dos superpotencias del siglo XX y el mantenimiento de la paz internacional, especialmente en el período de la post-Guerra Fría. La aprobación en 1990 de resoluciones del Consejo que autorizaron a los Estados miembros el empleo del uso de la fuerza para lograr el retiro de Irak, que había invadido Kuwait, es paradigmática.

El mundo de hoy es multipolar

La post-Guerra Fría, caracterizada por el resurgimiento político-militar de Rusia y la presencia de potencias emergentes como China e India, ha abierto el debate sobre la ampliación de miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, considerando la realidad del mundo actual. El orden internacional contemporáneo ya no es unipolar, con la presencia de EE.UU. como única superpotencia, sino que asistimos a un contexto global cada vez más multipolar y complejo, con una creciente participación de actores estatales y no estatales en el sistema internacional. La presencia de China como nueva potencia económica, tecnológica y militar del siglo XXI, y la creación de nuevas organizaciones internacionales y asociaciones como los BRICS son evidencia de ello.

Recientemente, en la XV Cumbre de los BRICS realizada en Johannesburgo (Sudáfrica), sus jefes de Estado y de Gobierno emitieron una declaración apoyando la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, con el propósito de incrementar el número de miembros permanentes, considerando la representación regional de países en desarrollo, en particular de Brasil, India y Sudáfrica. En esta línea se encuentra el presidente Lula da Silva, promotor de la mencionada declaración, lo que demuestra la importancia que tiene Brasil en el contexto internacional y el liderazgo en política exterior que ejerce Itamaraty en Latinoamérica.

Contrariamente a lo señalado, una posible reforma del Consejo de Seguridad no sería apoyada, necesariamente, por varios de los actuales miembros permanentes, porque colisionaría con sus intereses nacionales y la posición de dominio que hoy ostentan. Inclusive las posturas de Rusia respecto a Alemania o de China respecto a Japón o India no serían favorables en este sentido, dado que no se muestran dispuestas a compartir su estatus privilegiado en la ONU debido a las controversias que mantienen.

La geopolítica está de vuelta

Una posible ampliación de diez o más miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, en el contexto multipolar, implicaría una mayor dificultad para llegar a una votación favorable respecto a temas de seguridad internacional. Pero el principal desafío no es este, sino el declive progresivo en la década actual de la cooperación internacional y la solución de controversias basada en el respeto al Derecho Internacional. En suma, se observa un claro retorno de la geopolítica y la Realpolitik, y el predominio de los intereses nacionales sobre la cooperación internacional.

Con el resurgimiento de la visión geopolítica por las grandes y medianas potencias, los conflictos internacionales a escala global y regional también están siendo considerados, sea para acumular mayor poder o para no perder prestigio en un mundo caracterizado por turbulencias políticas, cambios ambientales, menor crecimiento económico e incertidumbre sobre el futuro. En este marco, el impacto de la guerra híbrida entre Rusia y Ucrania, con el riesgo de un escalamiento hacia países de la OTAN y el peligro de un conflicto nuclear, hace inviable considerar, en el corto plazo, la posibilidad de una reforma del Consejo de Seguridad.

* Abogado y magíster en Asuntos Públicos y Relaciones Internacionales, especialista en seguridad e inteligencia