En un contexto mundial marcado por la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos, la agencia de noticias Reuters ha informado, recientemente, que la Casa Blanca ha puesto en marcha una iniciativa para contener la expansión de la red portuaria china y reforzar el control estadounidense sobre terminales marítimas estratégicas en todo el mundo, objetivo que, más temprano que tarde, alcanzará al puerto de Chancay. En mayo del 2024, Política y Estrategia entrevistó al analista internacional Francesco Tucci, quien, consciente de los riesgos asociados a la agudización de la disputa geopolítica entre Pekín y Washington, se preguntó qué harán países como el Perú, que tienen fuertes vínculos económicos con el gigante asiático, cuando la potencia norteamericana les diga: “¿estás conmigo o estás contra mí?”. Todo indica ahora que llegó el momento de ir preparando la respuesta.
La citada iniciativa, lanzada para reducir la actual dependencia de buques y puertos extranjeros, en aras de afrontar en mejor pie un escenario bélico, contempla el puerto griego de El Pireo, en Grecia, donde la empresa china Cosco Shipping mantiene el 67 % de las acciones, así como el terminal de Kingston, en Jamaica, considerado por Estados Unidos, al menos por ahora, como la mayor amenaza a su seguridad nacional en Latinoamérica y el Caribe. Hay que recordar que, en marzo pasado, tras fuertes presiones sobre el gobierno panameño, que incluyeron la amenaza del uso de la fuerza, Washington consiguió que la multinacional BlackRock adquiera dos puertos en ambos extremos del Canal de Panamá, que estaban bajo administración de una empresa china.
Pues bien, en la mencionada entrevista, Tucci hizo un balance de la disputa geopolítica que libran Pekín y Washington, mencionando que buena parte del recelo con el que la potencia norteamericana observa el ascenso chino se centra en la Nueva Ruta de la Seda (NRS), iniciativa destinada a construir o modernizar obras de infraestructura terrestre y marítima para mejorar el comercio entre Asia Oriental y Europa Occidental, y, de este modo, consolidar la influencia política y económica china en Eurasia. “La finalidad es alejar a Estados Unidos del Indo-Pacífico, sobre todo del mar de China Meridional”, anotó Tucci, tras recordar que Taiwán es el otro gran punto de discordia entre las dos grandes potencias en esa zona del mundo.
A continuación, señaló que Estados Unidos, luego de desinteresarse por mucho tiempo de Latinoamérica y el Caribe, se ha dado cuenta de que ha perdido mucho terreno en su “patio trasero” a manos de China, que se ha consolidado como el principal socio comercial y fuente de inversiones de varios países de la región, al tiempo que ha extendido a ella la NRS. “Creo que la intervención norteamericana va a ser bastante severa”, alertó Tucci ya por entonces. El Perú es uno de esos países, que se ha sumado a la NRS con el mega puerto de Chancay, que nos convertirá en el principal hub portuario de esta parte del Pacífico, concentrando la carga de los países sudamericanos hacia el continente asiático en general y hacia China en particular.
En ese sentido, ante las presiones a las que se vería expuesto el Perú tanto por parte de China como de Estados Unidos, que significaría estar entre “el yunque y el martillo”, consideró que quedaría en entredicho la estrategia de no alineación activa que enarbola en la actualidad y, además, lamentó que la inestabilidad política que, desde hace casi una década, caracteriza a nuestro país impida abordar asuntos de este calibre con una visión de Estado.“Lamentablemente, está faltando un norte a la dirección política. Los temas de política exterior ahora están en segundo plano. Hay choques institucionales, un Congreso y una presidente (de la República) que solo quieren sobrevivir para llegar a las próximas elecciones”, manifestó.
Una conferencia que también alertó
Asimismo, en octubre de 2024, Política y Estrategia patrocinó la conferencia “Indo-Pacífico: ¿preludio de una guerra mundial?”, en la que Carlos Rada Benavides, analista internacional y de seguridad, dejó en claro que el Indo-Pacífico representa el centro geográfico de la manifiesta confrontación entre China y Estados Unidos. En ese sentido, coincidió en que tanto Taiwán como el mar de China Meridional constituyen los escenarios de mayor riesgo en esa región del mundo.
Al respecto, examinó las estrategias políticas, económicas y militares que China y Estados Unidos despliegan en el Indo-Pacífico como medio de apuntalar su posicionamiento estratégico en esa región, en la que Washington está instalando, en Filipinas y Japón, el sistema de fuego de medio alcance (SMRF), conocido como Typhon, que puede disparar misiles de crucero Tomahawk. Del mismo modo, alertó sobre la implicación, cada vez mayor, que tienen en esta contienda Rusia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
De esta manera, la conferencia de Rada Benavides representó una alerta sobre la onda expansiva que tiene la agudización de la confrontación entre China y Estados Unidos a lo largo y ancho de la cuenca del Pacífico. Máxime cuando las maniobras militares de Pekín en torno a Taiwán se hacen más frecuentes y agresivas, y cuando la inteligencia estadounidense y taiwanesa coinciden en señalar que una invasión china de la isla podría tener lugar en una fecha tan próxima como el 2027, tema que parece tener relación con la reciente iniciativa portuaria de la Casa Blanca.
Hay que tener presente que, en mayo pasado, dos importantes funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones que fijaron la postura de la administración Trump en relación a China en Latinoamérica y el Caribe. Así, el jefe del Comando Sur, almirante Alvin Holsey, afirmó que China “está accediendo a proyectos de infraestructura para sentar las bases sobre posibles oportunidades militares en el futuro”. Mientras que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, calificó a China como una “amenaza significativa para la paz y la seguridad en América Latina”.
Así las cosas, el gobierno peruano debe considerar, seriamente, sus próximos pasos, aun cuando lo ideal sería que una decisión de tamaña trascendencia geoestratégica sea tomada por una administración mucho más fuerte en términos políticos y, por tanto, dotada de una mayor legitimidad. El tiempo, empero, se acorta inexorablemente y se hace difícil tener las cartas adecuadas para enfrentar el juego en mejores términos. Solo queda algo claro: la decisión que se tome hoy puede determinar nuestro rumbo en el siglo XXI.