Las noticias relativas a los cercos de tropas ucranianas en Kúpiansk (Donetsk) y Pokrosvk (Járkov) ponen de manifiesto un giro inesperado en el curso de la guerra ruso-ucraniana, que se aproxima a su cuarto año de vigencia. Del resultado de estas batallas depende la posibilidad de que Moscú, finalmente, pueda imponer su voluntad a Kiev, que pasa por la cesión de territorios que hoy están, en gran parte, bajo su control.

Según el Kremlin, el Ejército ruso ha rodeado alrededor de 10,000 soldados ucranianos, casi a partes iguales, en Kúpiansk y en Pokrosvk. Se trata de un número considerable de efectivos, sobre todo para un país que sufre escasez de soldados. No obstante, el Ejército ucraniano no solo niega que esa cantidad de hombres esté rodeada, sino que además asegura que está contraatacando en esas localidades.

Situación inédita en esta guerra

Sea como fuere, todo indica que un número apreciable de soldados ucranianos está rodeado y que afronta cercos que se estrechan cada vez más. Se trata de una situación que pocas veces se ha dado en el presente conflicto armado, caracterizado por posiciones atrincheradas, avances tortuosos y un campo de batalla dominado por cientos, cuando no miles, de drones de reconocimiento y ataque.

Es así que los drones tipo kamikaze han impedido la concentración de tropas para lanzar grandes ofensivas, que, tradicionalmente, han tenido como punta de lanza a los tanques de batalla, como ocurría en la Segunda Guerra Mundial y como aconteció en el ataque terrestre estadounidense lanzado en la última etapa de la guerra del Golfo (1991). Ante este panorama, los rusos han tenido que refinar sus tácticas de infiltración, según lo visto ahora, con buenos resultados.

La batalla aérea: drones y aviones

Pero los drones no solo están reconfigurando la guerra moderna en lo que concierne a su capacidad de mantener a raya a las fuerzas terrestres enemigas, sino que también están empezando a tener una mayor participación en tareas de interceptación aérea. Por lo pronto, se están utilizando para derribar drones de ataque, pero no va a faltar mucho para que hagan lo propio con aviones de combate.

A propósito de aeronaves, Ucrania está reforzando su Fuerza Aérea con cazabombarderos franceses Mirage 2000-5, que se suman a los F-16 estadounidenses, recibidos en el 2024. Además, acaba de suscribir un acuerdo con Suecia para la adquisición de un centenar de cazabombarderos JAS 39 Gripen. Estos aparatos se suman a los MiG-29 supervivientes desde el inicio de la guerra.

Ruidos de sable, pero nuclear

En este contexto, tanto Estados Unidos como Rusia están inmersos en una retórica nuclear destinada a amedrentarse mutuamente. De manera que, ante el anuncio ruso de haber llevado a cabo pruebas con un misil de crucero de largo alcance dotado con propulsión nuclear y con un dron submarino provisto de cabeza nuclear, el presidente Trump autorizó realizar un lanzamiento de prueba de un ICBM Minuteman III.

Esta situación tiene lugar en circunstancias que Estados Unidos aún sopesa la idea de entregar a Ucrania misiles de crucero Tomahawk, que tienen un alcance de 1,500 km. Por lo demás, Ucrania está empezando a fabricar un misil de crucero de 3,000 km de alcance, denominado Flamingo, uno de cuyos ejemplares empleó en Crimea en setiembre pasado. Lamentablemente, la guerra ruso-ucraniana todavía tiene el potencial de agravarse más, mucho más.

❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.