La arquitectura digital del Estado peruano enfrenta una crisis estructural que va más allá de la tecnología: decisiones educativas mal alineadas, una infraestructura centralizada y una peligrosa pérdida de soberanía de información. Mientras el país produce millones de datos por segundo, estos no solo no se procesan estratégicamente, sino que hoy se almacenan fuera del territorio nacional, principalmente en servidores ubicados en Chile. Tal fue la dimensión de los hechos planteada por el Dr. Ernesto Cuadros Vargas, durante el primer conversatorio de la jornada académica “Perú en diálogo: aportes de la academia para la promoción del desarrollo”, organizada por la Escuela de Posgrado de la Universidad Ricardo Palma (URP), con el apoyo del portal web Política y Estrategia.
Por años, el debate sobre el desarrollo tecnológico en el Perú ha estado marcado por diagnósticos parciales y soluciones fragmentadas. Sin embargo, la exposición del Dr. Ernesto Cuadros Vargas sobre la Arquitectura Digital del Estado Peruano pone el foco en un problema de fondo: el país no solo avanza lentamente en lo digital, sino que lo hace sobre bases conceptuales equivocadas.
Uno de los primeros nudos críticos señalados por Cuadros es la formación universitaria. Carreras como “Informática y Sistemas”, comunes en el Perú, no tienen un correlato claro en el estándar internacional. Mientras las grandes revoluciones tecnológicas -Google, Facebook, WhatsApp, Linux- nacieron desde la Ciencia de la Computación, en el Perú se ha privilegiado una formación orientada al uso de herramientas antes que a la creación de tecnología.
El resultado es una generación de profesionales entrenados para operar paquetes, no para diseñar sistemas a escala global. “Paquetólogos”, como los define Cuadros, en un país que necesita arquitectos digitales.
Crecimiento lineal
El Perú sigue apostando por un modelo de desarrollo lineal, basado en la exportación de recursos primarios. Mientras tanto, países como Corea del Sur entendieron hace décadas que la tecnología permite saltos exponenciales. “La diferencia no es solo económica, es estratégica: ellos invirtieron en tecnologías transversales; nosotros seguimos sin producir ninguna”, expuso Cuadros.
Internet, el correo electrónico o las plataformas digitales no fueron creadas para un solo sector, sino para todos. El Perú, advirtió Cuadros, no ha concebido ni una sola tecnología transversal propia.
Una bomba de tiempo
La crítica se vuelve más dura cuando se analiza la infraestructura del Estado. Las principales bases de datos de ministerios clave están concentradas en Lima, muchas de ellas ubicadas en zonas de alto riesgo sísmico. Lejos de un modelo distribuido y resiliente, el país insiste en una lógica centralista que contradice todas las buenas prácticas internacionales.
Google, Amazon, Huawei y Corea del Sur operan con mallas globales de centros de datos. El Perú, en cambio, parece haber diseñado su arquitectura “para que se caiga”.
Soberanía de datos: cero estrategia
El punto más sensible -y menos discutido- es la soberanía de datos. Todos los datos que los peruanos generan y almacenan en la nube no están en el Perú. Están, mayoritariamente, en Chile. Así lo confirmó Cuadros ante la Comisión de Inteligencia del Congreso y el Comando Conjunto, ambos sorprendidos por una realidad que desconocían.
Hace ocho años, el Perú tuvo la oportunidad de atraer grandes centros de datos. La respuesta fue burocracia. Chile, en cambio, ofreció incentivos y facilidades. Hoy, el resultado es claro: el Perú “gana el 100 % de cero” en servicios de nube, mientras su información crítica reside fuera de sus fronteras, sostuvo el experto.
No se trata solo de economía digital, sino de control, seguridad y autonomía nacional.
Con más de 40 millones de celulares activos, el país produce millones de datos por segundo. Sin embargo, esta realidad no figura en los planes estratégicos ni en los programas de gobierno. Se confunde la capacidad de escalar pequeños sistemas con la posibilidad de operar ecosistemas digitales masivos, una suposición que Cuadros califica como “técnicamente ingenua”.
Aspiradoras y partículas
La propuesta de una nueva arquitectura digital rompe con la lógica limeña y elitista. En el centro está un agricultor analfabeto, capaz de exportar, rastrear su producción y acceder a mercados globales desde un celular. No mediante soluciones verticales llenas de intermediarios, sino con plataformas distribuidas, basadas en conectividad, servidores modulares y, sobre todo, software.
Solo dos capas serían hardware. Todo lo demás es código. Y para eso, el país necesita desarrolladores capaces de construir sistemas, no usuarios de manual.
La conclusión es tan simple como incómoda. En la economía digital global, algunos países diseñan las aspiradoras que capturan valor; otros son las partículas que terminan absorbidas. El Perú, dice Cuadros, ha elegido durante años ser partícula, y luego se queja de los resultados. La pregunta ya no es si el país está creciendo, sino quién controla los datos, la tecnología y el futuro. Porque sin soberanía digital, no hay desarrollo sostenible posible.