Ahora que Estados Unidos aumenta la presión sobre Venezuela con miras a derrocar a Nicolás Maduro, en su determinación de recuperar el terreno perdido a manos de China en su “patio trasero”, cabe preguntarse si una acción armada se limitaría a lanzar ataques aeronavales o si, además, contemplaría una invasión terrestre. Y, sobre este último punto, si esta situación llevaría a Estados Unidos a otro Vietnam.
La respuesta es compleja, pues se trata de teatros estratégicos distintos en muchos aspectos, aun cuando tengan también algunos parecidos. De manera que vamos a hacer un breve recorrido por la historia para ver los paralelismos existentes, jugar con ciertos escenarios y despejar algo el panorama. Porque lo cierto es que, como decía Mark Twain, la historia no se repite, pero rima.
Guerra de Vietnam
La guerra de Vietnam se desenvolvió en los años 60 y 70 del siglo XX, en el marco de la Guerra Fría. En esa contienda, las tropas estadounidenses buscaron derrotar a una guerrilla comunista que operaba en Vietnam del Sur y que era respaldada por Vietnam del Norte. De manera que Estados Unidos también libró combates fronterizos contra tropas norvietnamitas y, además, lanzó grandes operaciones aéreas para castigar a Vietnam del Norte.
Al final, Estados Unidos perdió el conflicto armado, dado que, si bien ganó la guerra militar, perdió la guerra política, que es la esencia de la guerra contrainsurgente. Debió lamentar la muerte de casi 60,000 soldados. Eso sí, se llevó consigo a más de dos millones de vietnamitas, entre civiles y militares. Y, después de una dramática salida de Vietnam del Sur, no pudo evitar la reunificación de Vietnam bajo la égida de Hanoi.
Otras guerras parecidas
Con el inicio del siglo XXI, y tras el fin de la Guerra Fría, llegaron nuevas intervenciones militares de Estados Unidos. Los atentados terroristas del 11-S le brindaron la ocasión de invadir Afganistán (2001) e Irak (2003), sacando del poder a los talibanes y a Sadam Husein, respectivamente. Pero la ocupación de esos países no fue un dechado de rosas, pues hubo de enfrentar insurgencias islamistas: los talibanes en Afganistán y los alqaedistas en Irak.
Estados Unidos se retiró de Afganistán en el 2021 de manera tan caótica como lo había hecho en Vietnam 50 años antes, con más de 2,400 soldados caídos. En el 2011, se marchó de Irak con menos deshonra, pero con más de 4,600 soldados muertos. En ambos casos, empero, hay que sumar a los contratistas (mercenarios) fallecidos, casi tan numerosos como los militares. ¿Las bajas afganas e iraquíes? Más de medio millón muertos, gran parte de ellos civiles.
La guerra de ensueño
Las guerras descritas se contraponen a la guerra del Golfo (1991), en la que Estados Unidos aplastó a Irak merced a una manifiesta superioridad aérea, que incluía aviones furtivos F-117, que meses antes habían participado en la invasión de Panamá para derrocar a Manuel Noriega. Ello le permitió destruir los centros de mando y control iraquíes, primero, y a sus numerosas fuerzas terrestres, después.
Pero esta fue una guerra convencional, en la que Estados Unidos puso en liza la doctrina de la Batalla Aeroterrestre, que había sido ideada en la Guerra Fría para hacer frente a una ofensiva soviética en Europa, y que consistía en lanzar ataques, con armas de precisión,contra objetivos militares situados en la profundidad de la retaguardia enemiga. El saldo: unos pocos cientos de muertos estadounidenses, decenas de miles de muertos iraquíes.
¿Qué puede hacer Venezuela?
Ahora bien, dado que Venezuela no tiene ninguna oportunidad en un enfrentamiento de poder a poder con Estados Unidos, solo le quedaría recurrir a métodos de guerra asimétrica, en caso que la potencia norteamericana opte por una invasión. Compañías diseminadas en terreno selvático y en zonas urbanas, provistas de armas antitanque y antiaéreas, así como de drones, por ejemplo, podrían asestar duros golpes a las fuerzas estadounidenses.
Esto, claro, siempre que exista una auténtica voluntad de lucha por parte de los soldados y los milicianos venezolanos, algo que está por verse, así como la lealtad y el patriotismo de los mandos militares, algunos, o muchos, de los cuales quizá no sean capaces de resistir los cañonazos de un millón de dólares, provistos de mira láser, que deben estar rondando sus posiciones e incluso efectuado ya algunos impactos.
❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.
Este artículo no ha sido escrito con inteligencia artificial