La reciente encíclica del Papa León XIV, que pide una regulación más estricta de la inteligencia artificial y una desaceleración en su desarrollo, ha puesto el dedo en la llaga respecto al avance desenfrenado de esta poderosa tecnología, cuyas versiones más avanzadas van a tener un profundo impacto sociopolítico en todo el mundo. Por lo demás, es altamente probable que esto ocurra no en el transcurso de las próximas décadas, sino antes del 2030, razón que debe obligar a la politología a entrar de lleno, desde ya, en el análisis de lo que está por venir.
El citado documento sostiene que “la inteligencia artificial debe ser desarmada, liberada de las lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte”. Ello, en alusión tanto al empleo subrepticio de los datos personales de los usuarios por parte de las corporaciones tecnológicas, como al uso de la inteligencia artificial en los sistemas de armas, entre los que destacan los drones, aparatos que están revolucionando el arte de la guerra, como queda de manifiesto en el conflicto armado que enfrenta a Rusia y Ucrania.
El avance es vertiginoso
Christopher Olah, cofundador de Anthropic, la empresa que desarrolla la inteligencia artificial Claude, fue una pieza clave en la elaboración de la encíclica Magnifica Humanitas y participó en su presentación en El Vaticano, que tuvo lugar el 25 de mayo. Ese día dijo lo siguiente: “Seré honesto; seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección, encontramos estados internos que reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor”.

En realidad, estas son cosas más que misteriosas o inquietantes, dado que reflejan indicios de autoconciencia. Días después, el 4 de junio, Anthropic publicó un informe que examina el avance hacia la “automejora recursiva”, escenario en que una inteligencia artificial podría diseñar, construir y mejorar, por su cuenta, a sus sucesores. Pues bien, el documento mencionado refiere que, en la actualidad, más del 80 % del código que se incorpora en la base de código de la empresa es escrito por Claude, esto es, ya sin ninguna intervención humana.
Advertencias por doquier
Hay que tener en cuenta que, a inicios de año, Anthropic publicó el ensayo “La adolescencia de la tecnología: confrontando y superando los riesgos de una inteligencia artificial poderosa”, que sostiene que, si la tendencia exponencial continúa, “no pasarán muchos años antes de que la inteligencia artificial supere a los humanos en prácticamente todo”. ¿Qué debemos entender por “no muchos años”? No hace falta ser un sabiondo para discernir que se habla de un rango de dos a cinco años.

El citado documento advierte sobre la necesidad de evitar seguir “construyendo sistemas cada vez más capaces sin comprender ni gobernar plenamente sus consecuencias”, aunque al mismo tiempo reconoce que esta es la trampa, pues “la inteligencia artificial es tan poderosa, un premio tan deslumbrante, que es muy difícil para la civilización humana imponerle cualquier restricción”. Algo así como ir en un auto a toda velocidad directo hacia el precipicio, pero en el trayecto ir perdiendo el sentido de la realidad porque el paisaje se va haciendo cada vez más bonito.
¿Qué es lo que está en juego?
El próximo arribo de la inteligencia artificial general, mucho más poderosa que la inteligencia artificial que tenemos hoy y que nos sorprende tanto, magnificará los procesos de desinformación masiva a una escala nunca vista, mediante un ecosistema integrado por algoritmos, sensores biométricos y sistemas de vigilancia. En este contexto, se potenciarán los efectos de la guerra cognitiva, destinada a influir en la cognición, las percepciones y el comportamiento de individuos o grupos.
Todo lo descrito, que obliga a repensar los conceptos clásicos de poder y de conflicto, representa serios riesgos para la cohesión de las sociedades y de las naciones. La única forma de afrontar esta situación es reforzando el análisis político, lo que pasa por contar con politólogos capaces y competentes, que puedan estar un paso adelante para alertar a las altas esferas del Estado. De ahí la importancia que tiene que los programas de posgrado de Ciencia Política incorporen en sus programas de estudio temas asociados al impacto sociopolítico de la inteligencia artificial.
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❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.
Este artículo no ha sido escrito con inteligencia artificial.