En un análisis crítico de la coyuntura política y electoral de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), la doctora Gisella Orjeda Fernández, destacada bióloga, catedrática y miembro de la Asamblea Universitaria de la Decana de América, detalla las razones técnicas y los precedentes históricos de suplantación que invalidan el uso del Voto Electrónico No Presencial (VENP), tema que el cuerpo docente advirtió mucho antes del pronunciamiento de declinación de la ONPE. Asimismo, explica el trasfondo normativo de las elecciones universitarias –en paralelo a las nacionales– y fundamenta el respaldo a las demandas del estamento estudiantil ante los intentos de contrarreforma y concentración del poder en la actual gestión rectoral.
Doctora Orjeda, existe una exigencia firme por parte de diversos sectores de la comunidad universitaria para que el proceso electoral se desarrolle de manera estrictamente presencial. ¿A qué responde fundamentalmente este pedido?
En primer lugar, se pretende utilizar el sistema de voto virtual de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Sin embargo, este sistema no cuenta con la acreditación del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) como una plataforma que ofrezca la seguridad suficiente. Este cuestionamiento no es un rumor; consta en documentos oficiales del propio JNE que están en manos de la ONPE.
En segundo lugar, existe un factor de riesgo interno muy crítico: todos los passwords y correos electrónicos institucionales están bajo la administración de la Red Telemática de la universidad. Esta es una oficina que cambia permanentemente de jefaturas; cada pocos meses se nombra a un jefe nuevo. Bajo esas condiciones de inestabilidad, no se puede hablar de un sistema que sea realmente seguro o confiable para custodiar la voluntad electoral.
Quienes defienden la implementación de la virtualidad suelen argumentar que moderniza el proceso. ¿Por qué sostienen ustedes que el sistema actual es propenso a fallas insalvables?
Porque ya existen precedentes muy claros y cercanos de problemas graves con el voto virtual en San Marcos. No estamos hablando de supuestos. En las elecciones para elegir al decano de la Facultad de Medicina se aplicó la modalidad virtual y el proceso tuvo que ser completamente anulado y convocado de nuevo por el Comité Electoral debido a las quejas generalizadas de todos los grupos participantes. Posteriormente, esa elección tuvo que realizarse de forma presencial para poder viabilizarse.
Lo mismo ocurrió en el año 2021, cuando se tuvo que anular el voto virtual en la segunda vuelta de las elecciones rectorales debido a denuncias explícitas de suplantaciones de identidad. Como ve, se ha comprobado en la práctica que la votación virtual en la universidad es vulnerable y está expuesta a tachas, quejas y nulidades. Nosotros no queremos eso; lo que buscamos es un voto totalmente transparente.
Para dejarlo claro, ¿su postura y la de los docentes que la respaldan es un rechazo absoluto a la tecnología en estos procesos?
De ninguna manera. Yo soy una profesional a favor del avance de la ciencia y de la virtualidad. Creo firmemente que, eventualmente, la universidad tendrá que migrar hacia el voto virtual de manera definitiva. Ni los profesores ni yo nos oponemos al voto virtual per se. Lo que exigimos es que, para ser aplicado, sea un sistema comprobadamente seguro. Mientras esa seguridad no se pueda certificar, lo responsable es optar por la vía presencial.
Revisando el cronograma que propuso el Comité Electoral, se observaba que la fecha de la votación virtual incluía tres asteriscos que condicionaban el acto a la “disponibilidad operativa de la ONPE”. ¿Qué lectura le da a este detalle?
Es un indicador de la misma precariedad del proceso. Esos asteriscos significaban que la fecha estaba sujeta a si la ONPE tenía o no la capacidad de operar el sistema ese día. Implicaba la posibilidad latente de posponer la votación y tener que alterar el cronograma electoral sobre la marcha, introduciendo mayor desorden e incertidumbre a una elección de autoridades de por sí compleja.
Algunos analistas y medios externos sugieren que postergar o modificar las elecciones en San Marcos genera un escenario atípico debido a la coincidencia temporal con el proceso de elecciones generales del país. ¿Es realmente una situación excepcional?
No, para nada. Es un tema curioso porque a veces se desconoce la normativa, pero siempre ha sido así. Por mandato de la ley, las elecciones en San Marcos se llevan a cabo de manera simultánea y paralela a las elecciones nacionales cada cinco años. Además, por Estatuto Universitario, la nueva junta de rector y vicerrectores electos tiene que asumir funciones indefectiblemente el 26 de julio. Por lo tanto, esta coincidencia no es ninguna primicia ni algo nuevo para la institución.

Históricamente se ha dicho que San Marcos funciona como un “pequeño Perú” o una maqueta donde se reflejan los problemas del país. Ante este panorama, ¿considera que insistir en la virtualidad abre las puertas a la presunción de un fraude electoral?
Yo preferiría enfocarlo desde otra perspectiva. Más que adscribir dolo o fraude a una persona o grupo en particular, prefiero señalar que, para mostrar un verdadero espíritu democrático, transparente y con voluntad de alternancia, las elecciones deben ser presenciales. Lo que queremos es que no exista la más mínima duda sobre la legitimidad del resultado.
Si se mantiene un sistema virtual fallido, cualquier error técnico puede terminar favoreciendo o perjudicando arbitrariamente a un grupo. Vuelvo a insistir en la vulnerabilidad técnica: uno vota con su correo institucional, pero las credenciales y accesos están guardados en la oficina de Telemática, de donde perfectamente pueden ser filtrados. De ahí nacieron las acusaciones de suplantación de votos que obligaron a repetir los procesos anteriores de forma física.
Cambiando de eje, el campus universitario se encuentra tomado por los estudiantes en una medida de fuerza indefinida. De acuerdo con la información que maneja, ¿cuáles son los puntos exactos que sustentan la protesta estudiantil?
Los estudiantes están protestando de manera muy concreta por tres exigencias fundamentales. La primera es el rechazo al ingreso de un proyecto de ley que pretende legalizar la reelección de rectores y vicerrectores, una iniciativa que además se ha presentado de manera irregular, saltándose el debate correspondiente en la Comisión de Educación del Congreso. El segundo punto es la elevación de la valla electoral estudiantil, la cual fue incrementada del 10% al 20% por el Consejo Universitario a solicitud directa de la rectora Jerí Ramón. Y el tercer punto es, precisamente, la exigencia de que el voto sea presencial.
¿Qué implicancias políticas tiene para el cogobierno de la universidad que se incremente la valla electoral estudiantil a un 20%?
Para que se entienda con claridad: los estudiantes participan activamente en los órganos de gobierno como la Asamblea Universitaria y el Consejo Universitario, los cuales funcionan de forma similar a un pequeño congreso donde se obtienen escaños según la votación de cada lista. Al duplicar la valla electoral del 10% al 20%, lo que ocurre en la realidad es que las minorías estudiantiles quedan completamente bloqueadas de acceder a la representación. Esto liquida la pluralidad y concentra el control institucional en un solo sector político. Es por estas tres razones —la reelección, la valla excluyente y la falta de garantías en el voto— que los estudiantes mantienen su medida de protesta.