Estados Unidos se apresta a lanzar un ataque definitivo contra Irán, poniendo fin al estatus de alto el fuego, ideado, más que para negociar un acuerdo de paz integral y permanente, para tomar aire de cara a lo que está por venir. Estamos, pues, ante el inminente final de la guerra contra Irán, país que, dispuesto como está a jugarse el todo por el todo, llevaría a cabo represalias que, esta vez, sí pueden incendiar, literalmente, Oriente Medio.
La administración Trump sabía, perfectamente, que sus demandas para terminar la guerra resultaban inaceptables para Irán, razón por la que fracasaron las conversaciones de paz en Islamabad (Pakistán). Ello, a pesar de la presión que se ejerce sobre el gobierno de los ayatolás, en la forma de un bloqueo naval de los puertos iraníes, ejecutado en respuesta al bloqueo que ejerce Irán en el estrecho de Ormuz.
Más armas para la paz
En medio de esta peligrosa situación internacional, que tiene efectos perniciosos sobre la seguridad energética y alimentaria global, la Casa Blanca ha anunciado su intención de aumentar, en más de 40 %, el gasto de defensa de Estados Unidos para el próximo año, que pasaría de USD 900,000 millones a USD 1,5 billones. Ello, a costa, claro, de la reducción de diversos programas sociales considerados como demasiado “woke”.
Esto era algo que, en realidad, se veía venir desde que Trump decidió, el año pasado, cambiar de nombre al Departamento de Defensa, que pasó a llamarse Departamento de Guerra. Algo contradictorio respecto al hombre que, hasta hace poco, se desvivía por obtener el Premio Nóbel de la Paz y que criticaba las “guerras interminables” de Estados Unidos, pero no respecto al hombre que no necesita el derecho internacional, pues le basta su propia “moralidad”.
Paz a través de la fuerza
Trump lleva adelante un ambicioso programa de rearme, a fin de mejorar la proyección internacional de Estados Unidos. A este proceso le ha dado en llamar “paz a través de la fuerza”, un lema que han hecho propio varias administraciones estadounidenses, sobre todo republicanas, y que tuvo su esplendor en la Guerra Fría, cuando Washington y Moscú peleaban a muerte por cuotas de influencia en el mundo.
Pero este eslogan que, a priori, parece tener lógica, puede ser rebatido, como lo hace el historiador militar estadounidense Andrew Bacevich, para quien la creencia en la eficacia del poder militar genera, casi inevitablemente, la tentación de utilizarlo. De este modo, afirma que la “paz mediante la fuerza” se convierte, fácilmente, en “paz mediante la guerra”, como han demostrado las no pocas intervenciones militares de Estados Unidos en los últimos 75 años.
La guerra es la paz
En su momento, la pacifista británica Sybil Morrison también cuestionó, férreamente, la idea de la “paz a través de la fuerza”, pues decía que la acción de emplear la fuerza militar para amenazar al bando contrario y forzarlo a someterse a nuestras condiciones, “no es paz, sino guerra”. En ese sentido, señalaba que, si la retórica es “defensa más derrota del enemigo”, esto es guerra, no paz, dado que “victoria y paz no son sinónimos”.
De manera que resulta paradójico que Estados Unidos, el país con el mayor gasto militar y el mayor exportador de armas del mundo, sea al mismo tiempo el principal financiador de las operaciones de mantenimiento de la paz. “La guerra es la paz” era uno de los lemas del Partido en la novela distópica “1984” de George Orwell y, si la guerra es la paz, entonces queda claro que la paz es la guerra. Y creemos que vivimos en un mundo normal.
❯❯ Carlos Rada Benavides es analista de temas internacionales y de seguridad.
Este artículo no ha sido escrito con inteligencia artificial