En medio de la pugna global entre Estados Unidos y China, el Perú enfrenta una disyuntiva histórica: persistir como economía primario-exportadora o sentar las bases de su industrialización. Para el economista Mariano Díaz Chávez (Secretario Nacional de Ideología y Formación Política del partido OBRAS), postulante a diputado y principal asesor del candidato presidencial Ricardo Belmont, la respuesta pasa por una combinación de neutralidad geopolítica, soberanía económica y reforma estructural del Estado.
¿Cómo debe posicionarse el Perú frente a la pugna global entre Estados Unidos y China?
El Perú debe mantener una posición de neutralidad. Somos una economía abierta, dependiente del comercio exterior, y no podemos darnos el lujo de alinearnos rígidamente con uno u otro bloque. La propuesta de Ricardo Belmont es clara: una economía social de mercado con rostro humano, que corrija desigualdades, pero que también promueva la inversión extranjera.
Sin embargo, hay un principio fundamental: las inversiones pueden venir cuando quieran, pero no como quieran. Las condiciones deben ponerlas el Perú.
¿Es viable esa neutralidad cuando China concentra buena parte de nuestras exportaciones?
Ese es el problema central. Hoy, alrededor del 34% de nuestras exportaciones van a China, mientras que Estados Unidos representa cerca del 13%. China ha avanzado con una estrategia de largo plazo, basada en paciencia y posicionamiento.
No solo hablamos de comercio. Hablamos de influencia estructural: empresas chinas controlan sectores clave como la energía y proyectos estratégicos como el Puerto de Chancay.
Eso nos coloca en una situación delicada. Por eso la neutralidad no es pasividad: implica diversificar mercados y fortalecer nuestra oferta exportable.

Industrializar o seguir exportando “piedras”
Insistes en la necesidad de cambiar el modelo económico. ¿Por dónde empezar?
El Perú no puede seguir siendo un país que exporta minerales sin transformación. Somos un país primario-exportador y dependemos de los precios internacionales. Eso nos hace vulnerables.
El camino es claro: industrialización progresiva. No se trata de dar un salto inmediato a industrias complejas, sino de empezar como lo hicieron los países del sudeste asiático: produciendo partes, piezas, ensamblando, generando valor agregado.
Ahí hay señales interesantes. Por ejemplo, el proceso impulsado por la Marina de Guerra del Perú en alianza con Hyundai Heavy Industries para la construcción de buques. O iniciativas en el Ejército del Perú que recuerdan experiencias como Indumil en los años 70.
Ese es el camino: recuperar capacidades productivas desde el Estado, en articulación con el sector privado.
¿Cómo evalúas el comportamiento de las inversiones extranjeras en el Perú?
Hay diferencias. En términos generales, las empresas norteamericanas tienden a ser más serias en el cumplimiento de contratos. En cambio, en algunas regiones del país hemos visto empresas chinas que no han culminado obras.
Esto no significa cerrar puertas, sino elevar estándares y exigir cumplimiento. El problema no es quién invierte, sino bajo qué reglas.
Has sido muy crítico del modelo actual. ¿Qué falla en el sistema económico peruano?
Lo que tenemos no es un verdadero libre mercado. Es un neoliberalismo distorsionado, donde muchos empresarios viven del Estado: exoneraciones tributarias permanentes, contratos blindados, privilegios.
El caso de la agroindustria es ilustrativo: beneficios que debían ser temporales se han extendido indefinidamente, generando pérdidas fiscales millonarias.
En un verdadero mercado, como en Estados Unidos, las empresas compiten. Aquí tenemos una economía con rasgos monopólicos, pese a que la Constitución lo prohíbe.
Reforma del Estado, equilibrio de poderes y FFAA
¿Qué cambios estructurales plantea un eventual gobierno de Ricardo Belmont?
Una reforma integral del Estado. Hoy tenemos instituciones capturadas y un desequilibrio de poderes. El Congreso ha asumido funciones que no le corresponden, incluso en materia fiscal.
Sin corregir eso, cualquier gobierno estará limitado. Hay que revisar normas, contratos y restablecer el equilibrio institucional.
¿Qué hacer con empresas como Petroperú?
Las empresas estratégicas deben permanecer en manos del Estado. No se trata de mantenerlas ineficientes, sino de reorganizarlas.
De las principales petroleras del mundo, la mayoría son estatales. El error no es que sean públicas, sino su mala gestión.
¿Qué rol deben cumplir las Fuerzas Armadas en este modelo?
Deben recuperar un rol estratégico. No solo en defensa, sino también en desarrollo: infraestructura, logística, incluso capacidades industriales.
El Perú necesita fortalecer su presencia territorial. Cuando el Estado no llega, pierde soberanía. Y eso es evidente en zonas afectadas por economías ilegales.
¿Dónde se jugarán los conflictos del futuro?
En recursos estratégicos. El agua será uno de ellos. El Perú tiene una ventaja comparativa enorme, pero no la gestiona adecuadamente.
Además, debemos entender que nuestra ubicación geográfica es estratégica para el comercio global. Eso debe convertirse en una ventaja negociadora.