Por: Lewis Mejía Prada (*)

La ‘Operación Sindoor’ marcó un hito en la defensa del país indostánico al validar la iniciativa ‘India autosuficiente’ mediante el uso de tecnología soberana y precisión quirúrgica. La presente entrega de Lewis Mejía, ofrece un análisis de cómo la autonomía bélica y la coordinación de fuerzas redefinieron el conflicto en Cachemira, ofreciendo lecciones estratégicas fundamentales que pueden servir para el fortalecimiento del dispositivo de seguridad nacional en el Perú.senil, o todo ello tiene un propósito?

Nueva Delhi. – La India conmemora un año de la ‘Operación Sindoor’, la contundente respuesta militar ocurrida del 7 al 10 de mayo de 2025 contra las bases de los grupos terroristas musulmanes, autores del terrible atentado que cobró 28 víctimas civiles en la disputada zona fronteriza de Cachemira.

Como se recuerda, el 22 de abril del año pasado, un comando separatista denominado ‘The Resistance Front’ incursionó en cercanías de la ciudad de Pahalgam para perpetrar el crimen principalmente contra turistas de creencia hindú, y escapar hacia la zona pakistaní donde mantiene sus santuarios.

Misiles superficie-aire Akash, ‘hechos en casa’, protegen bases aéreas, cuarteles, centros de comando y otras áreas críticas.

Fue el más mortal ataque contra ciudadanos desarmados en las últimas dos décadas, desde que ocurrió el múltiple atentado de 2008 contra Bombay, la capital financiera de la India, que dejó más de un centenar de muertos, incluyendo a 30 extranjeros.

Dos semanas después de lo de Pahalgam, el cielo al otro lado de la frontera se iluminó con las bombas y misiles lanzados por la Fuerza Aérea India (Indian Air Force), preludio de una cuidadosa ofensiva a cargo de las tropas especiales aerotransportadas del Ejército (Indian Army).

Mientras la Marina de Guerra (Indian Navy) tomaba sus emplazamientos al norte del Océano Índico para bloquear cualquier intento de auxilio desde Pakistán, el mundo se ponía tenso ante el posible choque de dos potencias con armas nucleares, que ya han vivido cuatro guerras y varios conflictos.

Un MiG-29 K sobre el portaaviones INS Vikrant, el más moderno de la India, hecho en un 80% con elementos del propio país.

Los ataques fueron a profundidad sobre nueve campamentos guerrilleros escondidos en las montañas, cuidadosamente seleccionados gracias al trabajo de la inteligencia militar y al apoyo de la alta tecnología ‘Make in India’, tratando de evitar daños a la población civil.

La rapidez, eficacia y potencia de los golpes revelaron el alto nivel de coordinación entre las tres fuerzas armadas, y el despliegue de medios muy sofisticados, como misiles de largo alcance y vehículos no tripulados.

Además de la interceptación de las comunicaciones enemigas en tiempo real, y la activación de una red propia de alta invulnerabilidad para mantener seguras las coordinaciones entre las tres fuerzas armadas, la defensa interior y las autoridades del más alto nivel de gobierno.

La India ha desarrollado una industria tecnológica que ahora produce misiles tierra-aire de gran capacidad.

Un aspecto poco explorado es la vigilancia satelital sobre territorio vecino, para el monitoreo de la posible reacción que pudiera entorpecer las acciones de la ‘Operación Sindoor’, hecho que por cierto no sucedió.

Este despliegue confirmó las capacidades de operar desde el espacio para observar las zonas de interés, y tomar decisiones desde el centro de control de las operaciones.

Tecnología de avanzada

‘Sindor Operation’ también fue el campo de experimentación real para validar diversos sistemas de armas recientemente concebidos en el marco de la iniciativa ‘Aatmanirbhar Bharat’ (India autosuficiente) que impulsa Narendra Modi, el primer ministro del país indostánico.

Los sistemas satelitales permitieron hacer un seguimiento cuidadoso y en tiempo real de los ataques y de cómo quedaron los blancos.

Esta filosofía de gobierno tiene por objetivo hacer de la India un moderno centro de producción y desarrollo de tecnología bélica internacional con proyección a los más diversos mercados de nivel mundial, en un trabajo compartido por el gobierno, la industria y la academia.

Por ejemplo, el portaaviones INS Vikrant (R-11) con sus aviones de combate embarcados MiG-29K, liderando una fuerza de tarea compuesta por destructores clase Visakhapatnam, fragatas clase Talwar, submarinos Scorpene, drones y satélites, que mantuvieron encerrada a la fuerza naval de Pakistán.

La Indian Air Force, por su parte, empleó a fondo sus aviones de alerta temprana, así como imágenes satelitales de alta definición en tiempo real y, obviamente, sus cazabombarderos Dassault Rafale, en su capacidad multirol.

El Sujoi Su-30MKI, junto al Dassault Rafale, llevaron el peso de las operaciones.

Si bien Pakistán informó sobre el derribo de esta aeronave, negada por la India, hablamos de un sistema de armas muy moderno que puede realizar misiones de superioridad aérea y ataque de precisión a largo alcance a objetivos en tierra, donde los aviones de origen francés son la estrella.

Compartieron escena con los Sujoi Su-30MKI y MiG-29, de fabricación rusa, en ambos casos, y Dassault Mirage 2000 equipados –todos– para lanzar armas tanto del estándar occidental como fabricadas por la propia industria india.

Hablamos, por ejemplo, del misil ‘indígena’ Brahamos, de crucero supersónico –Mach 3- de mediano alcance, lanzables desde cualquier plataforma en tierra, aire, mar o bajo la superficie.

O del sistema de misiles superficie-aire Akash, también ‘hecho en casa’, específicamente diseñado para proteger bases aéreas, cuarteles, centros de comando y otras zonas vulnerables ante un ataque por aire.

El empleo de vehículos aéreos no tripulados o drones, que ya se han revelado como muy efectivos tanto en la guerra entre Ucrania y Rusia como en el escenario del Golfo Pérsico, también se confirmó en esta pequeña guerra de 90 horas, localizada en Cachemira.

Fuentes militares han revelado que cuando comenzaron los combates, del otro lado de la frontera con Pakistán empezaron a arribar drones armados hacia los aeropuertos de Srinagar y Jammu, que fueron rápidamente detectados y derribados.

Los drones también sirvieron para escudriñar los bosques, valles y recodos de los ríos donde los grupos terroristas solían entrenarse y descansar, lo que permitió concretar operaciones quirúrgicas con bombardeos de gran impacto, como el “Nagastra-1”, sistema portátil, de munición merodeadora, para reconocimiento y ataques de precisión.

Lecciones aprendidas

Doce meses después, se han filtrado informes que permiten apreciar la magnitud de la ‘Operación Sindoor’, y de lo que significó para el dispositivo de seguridad nacional de la India.

Por ejemplo, un logro importante fue la capacidad obtenida por la Indian Navy de alistarse y desplegarse rápidamente -dentro de las 96 horas-, en una fuerza naval de poder creíble, fruto de los intensos entrenamientos que realiza durante todo el año, y a la tecnología desarrollada.

También, de llevar a cabo misiones de ‘no contacto’, es decir de largo alcance hasta los blancos enemigos sin la necesidad de cruzar la frontera, aprovechando el empleo de misiles de largo alcance y drones, así como inteligencia y guerra electrónica avanzada.

La precisión también fue un valor en este conflicto, evitándose las víctimas civiles mientras los campamentos detectados eran destruidos completamente junto con alrededor de un centenar de subversivos. Y la logística, a través de los diversos medios aéreos, terrestres y navales, que permitieron mantener el esfuerzo y la capacidad de operar cuando y donde era necesario, y con la contundencia requerida.

Las experiencias de la ‘Operación Sindoor’ pueden convertirse en lecciones que en el Perú debemos tener en cuenta.

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(*)Lewis Mejía Prada es Licenciado en Comunicación y experto en tecnología militar. La crónica fue desarrollada luego de su despliegue a Nueva Delhi, India.

English Version

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Hindi Version

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