Cerca de seis mil efectivos de 24 países convierten al Perú, durante dos semanas, en un laboratorio de guerra multidominio. Mar, montaña, selva, aire, espacio, espectro electromagnético y ciberespacio, confluyen en UNITAS LXVII, mientras Estados Unidos plantea la construcción de una red de defensa hemisférica capaz de decidir y reaccionar antes que sus adversarios.

El laboratorio de la guerra que viene

No fue una frase protocolar. Cuando el Contralmirante Carlos Sardiello, comandante del Comando Sur de las Fuerzas Navales y de la Cuarta Flota de los Estados Unidos, afirmó durante la inauguración de UNITAS LXVII–Perú 2026 que “UNITAS no es un mero ensayo, es una incubadora de la futura guerra naval”, puso nombre y dimensión estratégica a lo que durante dos semanas ocurre en territorio peruano.

Más de 5.700 participantes de 24 países de América, África, Asia y Europa; alrededor de 26 buques y 20 aeronaves; operaciones en el Pacífico, entrenamiento en alta montaña, escenarios amazónicos, operaciones anfibias, empleo de drones y ejercicios cibernéticos. UNITAS dejó así de ser solamente un ejercicio naval. Es un laboratorio.

Inauguración de UNITAS en la Escuela Naval del Perú.

Y el mismo está diseñado para probar cómo una fuerza multinacional puede combatir cuando las fronteras entre mar, tierra, aire, espacio y ciberespacio prácticamente desaparecen. Sardiello fue explícito: “el presente exige entrenar, actuar y demostrar que las fuerzas participantes constituyen un equipo “cohesionado y letal” en la defensa de intereses comunes”.

El escenario de seguridad marítima es, según el comandante estadounidense, “complejo, dinámico y conflictivo”. Por ello, la defensa del hemisferio occidental ya no puede descansar en “los manuales del ayer. Hay que construir otra arquitectura”, sostuvo Sardiello.

Una sola fuerza, una sola decisión

El Contralmirante norteamericano planteó la necesidad de forjar una red de defensa “ágil, integrada e inquebrantable”, capaz de operar como una única organización sincronizada.

USS Minneapolis, de Estados Unidos.

El propósito final no es simplemente que los buques de distintas nacionalidades puedan navegar juntos, sino conseguir que sus sistemas de información, sus centros de mando, sus unidades de combate y sus líderes puedan “ver el mismo campo de batalla, comprenderlo simultáneamente y decidir antes que el adversario”.

En la guerra contemporánea, la velocidad de decisión puede ser tan determinante como el alcance de un misil o la capacidad de un radar.

Por eso el ejercicio concede especial importancia al mando y control hemisférico y a la resiliencia de las redes. La respuesta ante una crisis, señaló Sardiello, debe ser inmediata, pero también unificada. Ese es el corazón de la interoperabilidad.

La batalla en el ciberespacio

El mensaje estadounidense incorporó una advertencia que hace apenas algunos años habría parecido ajena a un ejercicio naval tradicional. Ya no lo es. UNITAS incorpora un riguroso componente cibernético porque, en palabras de Sardiello, no basta con que los combatientes operen en los espacios digitales: deben ser capaces de “luchar a través de ellos”.

La guerra se extiende al dominio digital y también al espectro electromagnético. Las fuerzas participantes entrenan la sincronización de operaciones cibernéticas, marítimas, terrestres, aéreas y espaciales en ambientes electromagnéticos conflictivos.

Las operaciones cinéticas y no cinéticas, advirtió el comandante estadounidense, “ya no son opcionales”. La conclusión es inequívoca: quien pretenda dominar el campo de batalla del futuro deberá controlar, simultáneamente, varios espacios.

Se espera la participación de los LPD Paita y Pisco.

El Perú como campo de pruebas

Pocos países ofrecen una geografía tan exigente para este propósito. El Pacífico peruano, los Andes y la Amazonía permiten reproducir, en un mismo ejercicio, condiciones operacionales radicalmente distintas. Desde operaciones marítimas y anfibias hasta entrenamiento a gran altitud y en selva; desde el empleo de aeronaves y drones hasta operaciones fluviales y acciones humanitarias.

Para Sardiello, el Perú ha brindado una “fantástica oportunidad de entrenamiento”. No se trata únicamente de conocer el terreno. Se trata de obligar a las fuerzas participantes a adaptarse.

Así, la geografía se convierte en un adversario adicional. La altitud, el clima, la selva, los ríos, el océano y las distancias, introducen fricciones que una fuerza militar debe superar incluso antes de enfrentarse a un enemigo. Y precisamente de eso se trata UNITAS: de entrenar bajo condiciones que acerquen al máximo la realidad operacional.

Imagen grupal de la inauguración del 67° UNITAS.

La amenaza multifacética

Otro aspecto revelador del discurso de Sardiello fue su referencia a los adversarios, que las fuerzas participantes deben estar preparadas para detectar, desarticular y derrotar. No habló exclusivamente de una amenaza militar convencional. Mencionó adversarios convencionales, híbridos y transnacionales. Es decir, amenazas capaces de combinar distintas formas de presión y desestabilización.

La respuesta debe ser proporcionalmente compleja. De allí la insistencia en mantener una conciencia situacional permanente y ofrecer a los líderes información suficiente para responder de manera colectiva y consensuada.

UNITAS, bajo esta concepción, es un ejercicio de plataformas, pero también de cerebros. Entrena buques y aeronaves, pero también entrena sistemas de decisión.

Izq. Valm. Gian Marco Chiapperini (Perú) Der. Calm. Carlos Carlos Sardiello (USA).

Interoperabilidad y soberanía operacional

Para la Marina de Guerra del Perú, el ejercicio representa igualmente una oportunidad estratégica. El vicealmirante Gian Marco Chiapperini, comandante general de Operaciones del Pacífico, destacó que cada nación participante aporta capacidades, experiencias, conocimientos y tradiciones que, integrados bajo un propósito común, permiten avanzar hacia una respuesta colectiva más eficaz.

El Perú aporta, además, su infraestructura, sus capacidades, su experiencia operacional y el conocimiento de sus diferentes escenarios geográficos. Pero también aprende. Esa reciprocidad es una de las mayores ganancias de UNITAS. Porque la interoperabilidad no se obtiene únicamente adquiriendo sistemas de armas compatibles. Se construye entrenando con quienes podrían convertirse, llegado el momento, en socios operacionales.

Fragata Española Álvaro de Bazán.

Chiapperini subrayó, también, el carácter marítimo y milenario del Perú y la oportunidad que UNITAS brinda para mostrar la diversidad cultural, la historia y la gastronomía del país. Detrás de los uniformes y las maniobras existe, por tanto, una dimensión diplomática: la cooperación militar también construye confianza.

Combatir y salvar vidas

El contralmirante Alfredo Osorio Bromberg, comandante de la Fuerza de Superficie de la Marina de Guerra del Perú, puso el ejercicio frente a una segunda realidad: el Perú no solamente necesita prepararse para combatir; también debe estar preparado para responder ante desastres.

UNITAS permitirá, explicó (a un medio local y otro extranjero), desarrollar y potenciar capacidades en diferentes áreas de la guerra naval, pero también realizar operaciones de ayuda humanitaria. La referencia al fenómeno El Niño coloca esa capacidad en una dimensión particularmente peruana.

En un país expuesto a inundaciones, huaicos, lluvias extremas y emergencias de gran magnitud, la capacidad de despliegue de las Fuerzas Armadas puede significar la diferencia entre una emergencia controlada y una catástrofe mayor.

Osorio destacó, además, que el nivel de exigencia del ejercicio contribuirá a que la Marina de Guerra, la Fuerza Aérea y el Ejército estén preparados para atender a poblaciones afectadas cuando sea necesario. La interoperabilidad, entonces, tiene dos rostros: prepararse para la guerra y entrenarse para proteger a la población.

Una señal detrás de las banderas

UNITAS LXVII se desarrolla, además, en una semana de particular intensidad estratégica para el Perú. La inauguración del viernes 11 de septiembre coincidió –en la misma semana– con la inclusión del país en el denominado “Escudo de las Américas” y con la visita del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, quien se reunió con la presidente Keiko Fujimori.

Ceremonia de Inauguración en la Escuela Naval.

En ese contexto, las palabras de Sardiello, adquirieron una resonancia que fue más allá de la ceremonia naval. Hablar de una red de defensa hemisférica, de mando y control, de interoperabilidad, de amenazas híbridas y transnacionales y de capacidad de reacción colectiva, no es solamente describir un ejercicio: es una visión de seguridad. UNITAS es la expresión operacional de esa perspectiva.

Las banderas reunidas en la ceremonia representaron, para Sardiello, un mensaje contundente de unidad y cooperación. Pero detrás de ellas hay algo mucho más tangible: fuerzas que están aprendiendo a compartir información, coordinar decisiones, integrar capacidades y actuar en conjunto.

Ensayando la guerra del futuro

Durante décadas, UNITAS ha sido una referencia del entrenamiento naval multinacional en el hemisferio. Pero la edición LXVII revela una transformación. El campo de batalla que se está entrenando ya no tiene límites claramente definidos.

Comienza en el mar y puede continuar en tierra. Se extiende al aire y al espacio. Penetra las redes digitales. Pasa por el espectro electromagnético. Y termina, inevitablemente, en el centro de mando donde un líder debe decidir qué hacer y hacerlo antes que el adversario. Por eso la frase de Sardiello merece ser tomada literalmente: “UNITAS no es un mero ensayo”.

Es una incubadora. Un espacio donde las fuerzas militares ensayan doctrinas, tecnologías, comunicaciones, procedimientos y decisiones que podrían ser determinantes en un conflicto futuro. Y el Perú, por su geografía y su posición estratégica en el Pacífico, se convierte durante estas dos semanas en uno de los escenarios más exigentes para esa experimentación.

Más de 5.700 hombres y mujeres no están solamente navegando, volando o desplegándose. Están aprendiendo a combatir juntos. La verdadera pregunta ya no es si UNITAS prepara a las fuerzas para la guerra. La cuestión es: qué tipo de guerra está preparando.

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